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El círculo vicioso del estrés y la alimentación: cómo el cerebro y el intestino deciden por nosotros

  • Foto del escritor: Daniela Zamorano
    Daniela Zamorano
  • 9 abr
  • 3 Min. de lectura


En el contexto clínico, el trabajo multidisciplinario no surge solo del compañerismo, sino de la necesidad de abordar al paciente de manera integral.

Persiste un estigma social que etiqueta la malnutrición por exceso como una falta de voluntad, ignorando que la dificultad para cambiar hábitos y la selección de alimentos poco nutritivos suelen ser respuestas a estados de estrés y ansiedad.

Debido a la problemática de la adquisición de nuevos hábitos alimentarios, se ha investigado la relación entre la conducta alimentaria con la salud mental.

En ocasiones de estrés, ira, tristeza, frustración, ansiedad o depresión, las personas recurren a alimentos placenteros, con alto contenido de azúcares simples o grasas saturadas, para aliviar la necesidad hedónica o regulatoria de afecto y calma, lo cual se denomina hambre emocional.


Sistema de recompensa:

Uno de los factores claves del hambre emocional es la desregulación emocional.

Cuando el organismo se expone a situaciones de estrés, se da una respuesta biológica en donde el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal aumenta la secreción de cortisol, hormona que eleva el apetito, sobre todo de alimentos compensatorios ricos en azúcares simples y grasas saturadas. Al mismo tiempo, este proceso promueve el almacenamiento de grasa visceral e inflamación. A nivel cerebral, estructuras como la amígdala, la ínsula y la corteza orbitofrontal refuerzan el valor emocional y hedónico de la comida; a la vez, las regiones relacionadas con el autocontrol presentan menor activación, lo que aumenta la ingesta emocional y disminuye la capacidad de frenar la conducta alimentaria. A ello se suma la desregulación de hormonas como la ghrelina (hambre) y la leptina (saciedad), lo cual potencia el hambre hedónica. Esto crea un ciclo donde el cuerpo busca alivio inmediato en la comida, pero genera una inflamación sistémica que altera aún más estas señales hormonales y los alimentos que se eligen.


Eje intestino-cerebro:

Por otro lado, se ha evidenciado una fuerte conexión entre el cerebro y el intestino como una comunicación bidireccional que entrelaza el sistema nervioso central y el sistema nervioso entérico. La microbiota es un ecosistema de microorganismos que habitan en el tracto gastrointestinal humano y actúa en mecanismos que influyen en la producción de neurotransmisores, la modulación del sistema inmunológico y la influencia en la barrera hematoencefálica. Relación entre microbiota intestinal y trastornos de salud mental. La microbiota intestinal es modulada a través de la alimentación, mediante dietas ricas en fibras, grasas saludables y carbohidratos complejos. Cuando se consumen alimentos compensatorios, existe una mayor probabilidad de disbiosis, una alteración de la microbiota en la cual se ve comprometida la integridad de la barrera intestinal. Esto provoca una inflamación crónica y sistémica que afecta su funcionamiento, asociándose a trastornos del estado de ánimo como la ansiedad o el estrés crónico. Este proceso ocurre a través de la afectación de la producción de neurotransmisores y metabolitos como el butirato, un ácido graso de cadena corta con efecto antiinflamatorio cuya alteración se asocia estrechamente con la persistencia de cuadros de ansiedad.


Esta alteración en la producción de metabolitos claves, se manifiesta de forma tangible en la práctica clínica. En la consulta se observa con frecuencia que los pacientes llegan frustrados por intentos fallidos de dieta, desconociendo que su comportamiento responde a esta desregulación neuroquímica. Por tanto, el éxito terapéutico no reside en la restricción ni en la atención individualizada, sino en intervenciones integral con psicólogo-médico nutricionsta, que estabilicen la respuesta al estrés y restauren la salud de la microbiota, permitiendo que la selección de alimentos deje de ser una lucha impulsiva y se convierta en una decisión consciente y reparadora.

 
 
 

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