top of page

La resaca emocional: cómo gestionar el vacío post-fiestas

  • Foto del escritor: María Paz Flisfisch
    María Paz Flisfisch
  • 5 ene
  • 2 Min. de lectura

El calendario marca el inicio de un nuevo año, pero mientras el mundo exterior nos empuja a la acción, el mundo interno suele sentirse pesado. Tras semanas de luces, encuentros sociales, música alta y una agenda repleta, llega el silencio de enero. Este fenómeno, conocido coloquialmente como "resaca emocional", es un estado de agotamiento y vacío que surge cuando la sobreestimulación de las fiestas se desvanece de golpe.


¿Por qué nos sentimos vacíos?

La resaca emocional no es un signo de debilidad, sino una respuesta natural del sistema nervioso. Durante diciembre, operamos bajo un nivel inusual de adrenalina y cortisol (por el estrés de las compras y eventos) y dopamina (por las celebraciones y el azúcar). Al volver a la rutina, el cuerpo experimenta una suerte de "abstinencia" química y emocional.

A esto se suma la disonancia de las expectativas. Se nos vende la idea de que las fiestas deben ser momentos de felicidad absoluta. Cuando la realidad no coincide con ese ideal —ya sea por conflictos familiares, la ausencia de un ser querido o simplemente cansancio— aparece un sentimiento de frustración y soledad.


Identificando los síntomas

Es común experimentar una mezcla de las siguientes sensaciones durante estas semanas:

  • Apatía y desmotivación: dificultad para retomar las tareas cotidianas.

  • Irritabilidad: poca paciencia ante los pequeños contratiempos de la rutina.

  • Tristeza difusa: una sensación de melancolía sin una causa aparente.

  • Aislamiento: el deseo de retraerse tras haber estado "expuesto" socialmente en exceso.


Estrategias para recuperar el equilibrio

Para gestionar este vacío, es fundamental no forzar una "felicidad inmediata". Aquí te sugerimos algunos pasos:

  1. Valida tu emoción: permítete sentir cansancio o tristeza. No intentes tapar el vacío con nuevos estímulos (compras, redes sociales o metas inalcanzables).

  2. Rituales de cierre: a veces el vacío persiste porque no hemos procesado lo vivido. Escribir una carta sobre lo mejor y lo peor del año que se fue puede ayudar a "archivar" las emociones.

  3. Prioriza el autocuidado fisiológico: el descanso real, la hidratación y el retorno a una alimentación consciente ayudan a estabilizar la química cerebral.


El poder de la sanación compartida

En nuestro centro, entendemos que la resaca emocional se vive de forma individual, pero se sana de forma colectiva. La terapia grupal ofrece un alivio único: la universalidad. Al escuchar a otros describir ese mismo vacío, el sentimiento de "rareza" o aislamiento desaparece.

Hablar en grupo permite desmitificar la presión social de los propósitos de año nuevo y construir una red de apoyo que valide que está bien no estar al 100% desde el 1 de enero. Compartir la carga la hace, literalmente, más liviana.

Enero no tiene por qué ser el mes del rendimiento máximo; puede ser el mes de la reconstrucción suave. Si sientes que el vacío es demasiado profundo, recuerda que no tienes que transitarlo en soledad.

 
 
 
bottom of page